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Hacia una agenda con Obama

Hacia una agenda con Obama ReformaJorge G. Castañeda5 Nov. 08Quienes desde hace un año consideramos probable y deseable la llegada de Barack Obama a la Presidencia de Estados Unidos estamos contentos. No sólo ganó, sino que lo hizo de manera contundente. No sólo gano él, sino que aumentó de 25 a 35 escaños la mayoría demócrata en la Cámara y llevó a su partido muy cerca de la cifra de 60 senadores que permite evitar el veto. Quienes de buena o mala fe, buenas o malas razones, le apostaron a Hillary por afinidades personales, a McCain por considerar que era afín a México o en contra de Obama por suponer que Estados Unidos seguía siendo racista, se equivocaron.Antes de ver qué puede hacer México frente a este suceso conmovedor e histórico, conviene una reflexión sobre lo que significa para Estados Unidos. Repetimos lo que tantos han dicho sobre la importancia para Estados Unidos en el mundo: con un Presidente así será más fácil ser amigo de Estados Unidos. Pero el dato más importante está en la ecuación electoral: desde la elección de Kennedy en 1960 se dio por sentada la tesis de que sólo podía ser electo un demócrata si cumplía tres condiciones: del sur, centrista o conservador y blanco. Y en efecto, desde 1964 los demócratas que han ganado han sido Johnson en 1964, conservador de Texas; Carter en 1976 centrista de Georgia; y Clinton centrista de Arkansas en 1992. La razón de esta regla era simple: con tasas de participación muy bajas -un promedio de 58 por ciento a lo largo de los años 70, 80 y 90 y el primer decenio del siglo XXI-, y una baja afluencia de votantes jóvenes entre 18 y 25 años, 38.5 por ciento, latinos 29 por ciento, y negros 52.6 por ciento, sólo podía ganar un demócrata que parecía republicano.Obama trastocó esta verdad al lograr que la participación se elevara cerca de 10 puntos por arriba del promedio histórico. El aumento en la participación de los grupos clave fue más elevado: negros, latinos y personas entre 18 y 25 años de edad, y votaron por él. Obama demostró que movilizando al electorado apático y despolitizado, un intelectual negro progresista del norte podría ganar, no visto desde Kennedy y antes, Roosevelt.¿Qué hacer con Obama? No es necesario insistir en el error de haber recibido a McCain sin amarrar un encuentro con Obama, claro, se necesita estar dispuesto a pagar el costo: decirle a Fidel que se vaya y decirle a McCain que no venga. Pero el error es reparable aunque no necesariamente antes del 20 de enero, ojalá se dé, pero si no, tampoco es el fin del mundo. Lo esencial es que México tenga una agenda, ya sea durante el periodo de transición, a principios de la gestión de Obama o más adelante. Construir esa agenda debería ser prioridad del gobierno de Calderón por una sencilla razón: no se trata de una agenda de política exterior, sino como lo hemos comprobado en el pasado, es cada vez más una agenda interna: la relación con Estados Unidos es en gran medida un asunto interno, de la misma manera que la relación con México para Estados Unidos es cada vez más un tema interno.Por supuesto que la agenda debe volver sobre la reforma migratoria integral. Pero no debe agotarse ahí. Debe incluir al menos dos elementos más que entrañan costo político en México y que pocos estarán dispuestos a pagarlo. Se trata de un planteamiento más ambicioso y visionario: construir una unión económica de América del Norte, incluyendo todos los aspectos que fueron excluidos del TLCAN: migración, energía, infraestructura, instituciones supranacionales, fondos de cohesión social, convergencia económica. Se pueden aprovechar dos aparentes dificultades para sacar esta agenda: la crisis financiera global que ya nos ha obligado a aceptar (sino es que a pedir) ayuda de Estados Unidos; y dos, la insistencia de Obama no de renegociar el TLC, pero sí de revisarlo y ver qué le falta. Y el otro tema de la agenda es más delicado. ¿Queremos ayuda de fondo para la guerra contra el narco, o nos contentamos con los mínimos de la Iniciativa Mérida, que evitan compromisos y requisitos incómodos? No lo sé, pero sé que no tiene sentido declarar la guerra al narco si no se cuenta con el Ejército, la policía y el servicio de inteligencia necesario; y también sé que la única manera de tenerlos es con ayuda externa masiva. En nuestro caso, sólo puede venir de Estados Unidos.Ganó Obama, transformó el mapa de Estados Unidos, se le abre a México una extraordinaria oportunidad para reubicarnos en el mundo, porque va a ser infinitamente más sencillo ser vecino, socio y amigo de Estados Unidos con Obama. La pelota está de nuestro lado: ¿queremos ser socios y amigos? Lo de vecinos ni se pregunta, no nos queda de otra. Página de internet: www.jorgecastaneda.org; correo electrónico: jorgegcastaneda@gmail.com

5 noviembre, 2008

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