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El narco: la guerra fallida

El narco: la guerra fallidaArturo Martínez NúñezMartes 01 de diciembre 2009 Interesante y muy recomendable la lectura del opúsculo escrito a cuatro manos por Jorge G. Castañeda y Rubén Aguilar Valenzuela sobre la guerra en la que se involucró (y nos involucró) el presidente Calderón desde el inicio de su sexenio que precisamente el día de hoy cumple tres años. El Narco: La Guerra Fallida, México, 2009, Punto de Lectura es un ensayo que refuta los principales argumentos de la cruzada emprendida con fervor religioso por Calderón. Con datos duros y fuentes confiables y públicas, queda demostrado que cada una de las hipótesis planteadas por el gobierno federal para emprender una guerra –sin estrategia, sin plan de entrada ni de salida–, son falsas y responden más bien a un objetivo que nada tiene que ver con los oficiales: emprender la guerra al narco para ganar en las calles la legitimidad que las urnas dejaron en entredicho: “…la razón primordial de la declaración de guerra del 11 de diciembre de 2006 fue política: lograr la legitimación supuestamente perdida en las urnas y los plantones, a través de la guerra en los plantíos…”.El primer argumento que se derrumba es el del consumo de las drogas por parte de los niños de México. Para que las drogas no lleguen a tus hijos, reza la propaganda oficial. Sin embargo, con datos de la Encuesta Nacional de Adicciones de la Secretaría de Salud y del Consejo Nacional contra las Adicciones (Conadic), el consumo de drogas en México permanece estable e incluso es menor que muchos países del mundo incluidos los latinoamericanos. La prevalencia (consumo de alguna droga por lo menos una vez durante el último año) mundial promedio es del 4.2 por ciento mientras que en México es del 1.3 por ciento todo ellos con datos de la Organización Mundial de la Salud, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas. Es por lo tanto falso que la guerra se emprenda para evitar el consumo y la venta de estupefacientes a los niños.El segundo argumento, el de la violencia, también se desploma con datos del propio gobierno. De acuerdo con los datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) y el Consejo Nacional de Población (Conapo) el número de homicidios totales en 1998 fue de 33 mil 943 mientras que en el 2007 fue de 25 mil 129, esto es, una tendencia decreciente y una caída de casi 20 por ciento en nueve años. Lo que seguramente ha cambiado es la percepción de la violencia que tiene la población, generada acaso por los secuestros (que también han descendido) y por las terribles técnicas empleadas ahora por el crimen organizado (decapitaciones, mutilaciones y ejecuciones espectaculares). Aunque los números absolutos son menores, la población percibe que hay más y no menos violencia.El tercer argumento, el de la razón de Estado y recuperar a éste de las garras de la corrupción e infiltración del narco en el gobierno es impreciso: son añejas en el país las historias de gobernantes y autoridades metidas a agentes o empleados del narco. Baste recordar los casos paradigmáticos del ex gobernador de Sinaloa Antonio Toledo Corro, del ex secretario de la Defensa, el general Juan Arévalo Gardoqui, del general José Juan Gutiérrez Rebollo y de El Chueco Mario Villanueva, ex gobernador de Quintana Roo. Si bajamos el fenómeno al nivel estatal o municipal, es un hecho que a lo largo y ancho del territorio nacional encontraremos miles de casos de connivencia plena con el narco. Por lo tanto el argumento de que se están infiltrando los narcos es absurdo porque como dirían en mi pueblo, eso es desde endenantes. Otro argumento es la venta y tráfico de armas que nos hacen los estadunidenses. Una vez más las mentiras oficiales: si bien es cierto que los gringos son importantes fabricantes y vendedores de armas, ni son los únicos, ni son los mayores. Para sorpresa de los lectores, nos enteramos que el mayor tráfico de armas en el hemisferio no se da en la frontera de México con Estados Unidos sino en lo que se conoce como la Triple Frontera que une Brasil (Foz de Iguazú), Argentina (Puerto Iguazú) y Paraguay (Ciudad del Este). Los mayores productores y traficantes de armas mundiales son los rusos y los chinos que llenan el mundo con AK-47 entre otros simpáticos juguetitos (granadas, misiles, armas cortas). Por lo tanto si los gringos sellan o no sellan su frontera no cambiará el suministro de armas para todo aquel que pueda y quiera adquirirlas.El último argumento, el de que mientras haya consumo del lado gringo habrá trafico del lado mexicano es cierto, pero sólo parcialmente. El mercado de las drogas de Estados Unidos es tan grande que si no lo atacaran los mexicanos lo harían directamente los colombianos, venezolanos o caribeños. Sin embargo son los propios gringos los que están flexibilizando su política antidrogas a la luz de los desastrosos resultados de la implementada hasta ahora. En la unión americana, ya son 15 estados en los que se ha “legalizado” el uso médico de la mariguana: Alaska, Arizona, California, Colorado, Hawaii, Maine, Maryland, Michigan, Montana, Nevada, Nuevo Mexico, Oregon, Rodhe Island, Vermont y Washington. El nuevo zar anti drogas ha dicho que hay que enfocar la “guerra” hacia el consumo y los daños de este en la sociedad y no en la lucha contra las sustancias en sí mismas.Es mucho lo que se tiene que hacer en materia de abuso de sustancias prohibidas y legales. Pero nadie puede tener la duda de que el problema que se genera por la ilegalidad supera por mucho los beneficios de la lucha por erradicarlas. El tema de la dependencia es un asunto de salud pública y como tal debe ser tratado. Hacerlo a partir de un enfoque de seguridad nacional es falso y es erróneo y los resultados están a la vista: una guerra absurda sin estrategia general, sin definición de la victoria, sin plan de salida y sin resultados tangibles, hecha y diseñada para legitimar al régimen y no para evitar que las drogas lleguen a tus hijos.

1 diciembre, 2009

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