Lo que Elba nunca aprendió

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En enero de hace 24 años ingresé formalmente a la nómina de la revista Proceso como reportero. Unos días después, parte de mi proceso de formación, me tocó primero acompañar y después quedarme de guardia afuera del reclusorio toda una muy fría noche esperando un convoy del Ejército que vi pasar en segundos. Ahí iban los mandamases del sindicato de Pemex. En los días siguientes vi a los supuestamente poderosísimos líderes del supuestamente poderosísimo sindicato petrolero reducidos a personajes detrás de una rejilla de prácticas.Pemex continuó sacando petróleo del subsuelo, vendiéndonos gasolina, siendo el mayor proveedor de dólares para nuestra economía. Un nuevo comité ejecutivo nacional se instaló en el sindicato y nada sucedió. Nadie lloró a La Quina. La vida continuóUn año más tarde, nadie en el sindicato de maestros lloró a Carlos Jonguitud cuando un operativo fraguado en Los Pinos lo quitó de en medio e instaló a la jovencita chiapaneca Elba Esther Gordillo como el futuro de los maestros.En 24 años la señora Gordillo creció, acumuló dinero y poder. Entendió que su fuerza dependía en buena manera de lo que consiguiera para sus agremiados y fue generosa: privilegios, cuidados, salarios, plazas. Allá adentro la adoraban. La hicieron lideresa para siempre y para todo. Se enfrentó a su partido con furia y cuando se hartó formó otro. Se aprovechó de los bisoños panistas y logró posiciones en el gobierno y una intervención directa en la elaboración de la política educativa.Empezó a lucir sus riquezas, era público que vivía por temporadas en la zona más lujosa de San Diego; presumió sus gustos caros, la afición por los vuelos privados. Desestimó los sondeos que le decían que era un personaje poco querido. Que las encuestas la ponían en los últimos lugares de popularidad asociada con corrupción, cinismo.Como había visto a Salinas, vio a Zedillo utilizar la fuerza del gobierno y la utilización de la PGR para borrar adversarios políticos pero no aprendió.Ella se creyó inmune. Creyó que seguía tratando con panistas, tal vez. Y estiró y estiró la liga hasta que la rompió.Recurrí al texto de Jorge G. Castañeda sobre Elba en Reforma. “Pero Elba no sabe qué hacer con el poder que ha acumulado, más que usarlo para favorecer a sus agremiados. Aunque ha apoyado algunas reformas políticas y económicas importantes y ajenas a su gremio (con Fox y Calderón), su legado político será inevitablemente minúsculo, justamente por su predilección sindical y falta de sustancia política. Pertenece a ese pequeño y notable grupo de mexicanos que se han farreado con un capital político descomunal, dejando poco a cambio, en tiempos recientes: Carlos Salinas, Cuauhtémoc Cárdenas, Marcos y Vicente Fox. Es un grupo selecto, sin duda. Pertenecer a él debe ser el orgullo de Elba, y su lamento”.

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