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Razones para acabar de despenalizar a Doña Juana

El consenso prohibicionista mundial sobre las drogas ha empezado a erosionarse en su misma cuna: Estados Unidos. El asalto al consenso ha empezado por la marihuana. Como el fin de la prohibición del alcohol en los años treinta, el de la marihuana ha venido de la periferia al centro. Hoy hay en Estados Unidos 19 estados que permiten la producción, venta y consumo de la marihuana con propósitos terapéuticos. Hay otros dos (Colorado y Washington) que han legalizado todo el ciclo para propósitos recreativos. Primera razón para revisar nuestras prohibiciones sobre la marihuana: no hay que ser más papista que el papa, sobre todo cuando somos la feligresía que paga más caro las ocurrencias del pontífice. México tiene una buena ley en materia de drogas ilícitas. Es tan avanzada como la de Portugal, la más liberal y más reconocida por su eficacia. La ley portuguesa prohíbe la producción y el tráfico, pero despenaliza el consumo de todas las drogas ilícitas. Otorga una dosis muy liberal, y también muy razonable, a lo que se juzga un consumo personal: hasta diez días de las dosis que el usuario acostumbra. La ley mexicana despenaliza también el consumo de todas las drogas. No la producción ni el tráfico. Es una ley tan avanzada como la portuguesa, salvo porque sus dosis permitidas son muy pequeñas y criminalizan muy rápido al consumidor.La ley mexicana permite la posesión de hasta 5 gramos de marihuana y hasta 0 .5 gramos de cocaína. Quien es detenido con diez gramos de marihuana y un gramo de cocaína se convierte de inmediato en traficante. Dicen los que saben que nadie vende en la ciudad de México dotaciones de cinco gramos de marihuana o medio gramo de cocaína. Lo mínimo es un manojo de treinta gramos y un gramo de coca. La consecuencia es que se pasa muy rápido de consumidor a narcomenudista. Y los narcomenudistas van a la cárcel. La cantidad de presos por tráfico o consumo de marihuana es increíble. Los delitos contra la salud se dispararon entre 2001 y 2009. Pasaron de unos 20,000 en el trienio 2001-2003 a más de 60,000 en el periodo de 2007-2009, un crecimiento que se debe casi en su totalidad a la detención de consumidores.1 La encuesta a presos de Centros Federales de Readaptación Social, coordinada por Catalina Pérez Correa y Elena Azaola, reporta que el 80% de los reclusos están sentenciados por delitos contra la salud. De ellos, el 57% lo están por marihuana. El hecho, nos dicen otros investigadores, es que se “ha criminalizado por igual a productores, traficantes, narcomenudistas y consumidores sin analizar su peligrosidad social. Destacan fenómenos como el encarcelamiento de mujeres de escasos recursos acusadas de tráfico de drogas (coloquialmente conocidas como ‘mulas’). Esta medida no sólo desintegra familias, sino que genera costos al Estado”.2 Segunda razón para acabar de descriminalizar la marihuana: tenemos miles de presos equivocados, no narcotraficantes peligrosos, sino portadores de pequeñas dosis que los vuelven reos de penas mayores. La marihuana es una hierba muy difamada. Goza del falso prestigio de ser tan tóxica y peligrosa para la salud como las otras drogas duras: la cocaína, la heroína o las metanfetaminas. Es infinitamente menos tóxica que ellas, y desde luego menos dañina social y médicamente que el alcohol. No que sea inocua. La vez que fumé vi unos inquietantes pajaritos: eran las manivelas de una ventana. Nada grave comparado con el día que bajo el influjo de un mezcal de la sierra aluciné una caminata agónica por el desierto. Eran las playas de Puerto Escondido. Juan Ramón de la Fuente refiere en un texto las toxicidades reales de la hierba. No es el enemigo de la salud que pinta su fama. Tercera razón para completar la despenalización del consumo de marihuana: el daño que los fumadores de esta hierba pueden hacerse a sí mismos y a otros por consumirla es mucho menor que el daño social de perseguirla. Escritor. 1 Alejandro Madrazo y Ángela Guerrero, “Más caro el caldo que las albóndigas”, Nexos, diciembre de 2012: http:// www. nexos. com. mx/ ?P= leerarticulo & Article = 2103069. 2 Bernardo González-Aréchiga, José Antonio Caballero, Alejandro Madrazo Lajous, David Pérez Esparza y Ana Gabriela Santana, Regulación de las drogas y mitigación de riesgos y daños: opciones y estrategias. Citado en Salvador Camarena, “Marihuana, dos razones para el sí”. La Razón, 7 de agosto de 2013.

19 agosto, 2013

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jorge


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