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Visita a California

La visita de casi 30 horas del presidente Enrique Peña Nieto a Los Ángeles y Sacramento, en California, tuvo tres méritos: el de existir; el de haberse centrado en el tema migratorio, y el de no centrarse en el tema de las drogas. Lástima que se tardó tanto, que duró tan poco y que sea, en realidad, apenas el primer viaje de EPN a Estados Unidos a los 20 meses de haber tomado posesión. La estancia en Sun Valley, Idaho, a principios del sexenio fue más bien un picnic de empresarios.El mérito de existir: EPN ha viajado más que sus tres predecesores durante los primeros dos años de su mandato, pero a países cuya pertinencia para México es enigmática. En cambio, no ha ido a Washington (aunque se haya reunido con Barack Obama tres veces; no es lo mismo); no ha ido a Nueva York (canceló el viaje a la Asamblea General de la ONU el año pasado); no ha ido a Chicago, Houston, Dallas, Miami u otras ciudades con una amplia población mexicana, y que sus tres predecesores visitaron en sus respectivos sexenios. Ya era hora de darle más importancia a un país donde se concentra no sólo el 90% de nuestro comercio internacional, del turismo que viene a México, de la escasa inversión extranjera arribando al país, pero sobre todo donde viven 1 de cada 9 mexicanos en el mundo. Ojalá, de ahora en adelante, las prioridades queden más claras y se pierda menos tiempo con el folclor y los mariachis en América Latina o en el incomprensible exotismo en Turquía.Haber centrado dos de sus tres discursos en el tema migratorio en California y haber insistido en ello es un segundo mérito de gran importancia. Ciertamente, no pudo evitar la cantaleta absurda de que es un tema interno de EU, incluso invocó la mexicanada pejista de, "con todo respeto". Pero de cualquier manera el avance es notable, y explicable: durante el sexenio de EPN han sido deportados quizás medio millón de mexicanos; se aprobó en el Senado una reforma migratoria integral que quedó atorada en la Cámara de Representantes, y sobre la cual México no se había manifestado salvo en términos muy abstractos y poco escuchados; y se desató la crisis de los niños migrantes centroamericanos en la frontera con EU, que ahora, aparentemente, ha sido desplazada a la frontera entre México y Guatemala. Es alarmante el dato, según el cual, en las últimas semanas, se ha incrementado el número de deportados de México a Centroamérica y ha disminuido el número de niños centroamericanos llegando a EU.No hay tema más importante en el ámbito internacional para México que la migración a EU. Pensar como Calderón, que lo esencial es la guerra contra las drogas, o como Peña Nieto, hasta ahora, con la promoción de sus reformas, es un sinsentido que rebasa la importancia de los 12 millones de mexicanos. Qué bueno que ya empieza a cambiar.Tercer mérito: no repetir la otra cantaleta, también aberrante, del eterno reclamo mexicano pocas veces evitado, "los pinches gringos marihuanos y asesinos". Calderón se pasó seis años reclamándoles a los norteamericanos que dejen de consumir drogas, al mismo tiempo que en varios estados de EU se legalizaba el uso terapéutico de la marihuana. Insistió, durante todo su sexenio, que Estados Unidos impidiera la exportación ilegal de armas a México, ya que a eso se debía la violencia en el país. Prefirió que EU colocara retenes al llegar a la frontera, entorpeciendo el flujo vehicular. Peña Nieto, junto con el gobernador Jerry Brown, propusieron, tal vez de forma ilusa, acelerar el cruce en la frontera en lugar de obstaculizarlo con retenes del lado norteamericano.Se ha comentado en redes sociales que la visita de EPN a California, y en particular a Los Ángeles, tuvo poco eco. No sé si sea cierto, pero, por la agenda, se ve que prefirió omitir varias visitas tradicionales: a una de las grandes universidades ubicada en Los Ángeles, al consejo editorial del diario de la ciudad, a la Plaza Olvera o a cualquiera de los grandes foros empresariales o de Hollywood. Tendrá que volver, pero ya es un principio, ojalá siga por este camino.

28 agosto, 2014

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TLC: ¿ya mero?

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Jorge G. Castañeda opina que, en la negociación del TLCAN, la parte mexicana ha procurado siempre mostrar tramposamente la mejor cara para proteger el tipo de cambio.

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