Artículos, El Financiero

Las explicaciones de la tragedia

Jorge G. Castañeda

Las escenas estrujantes de Tlahuelilpan nos acompañarán durante muchos años; no hemos visto nada en este país de dolor y tragedia semejantes desde hace mucho tiempo. La especulación y debate también nos perseguirán por un largo rato, siempre con la idea subyacente que el desastre se hubiera podido evitar. Como en tantos otros casos, probablemente nunca sabremos todo o siquiera lo esencial; pero, a diferencia de tragedias pasadas, contamos con más información casi en tiempo real, que nos ayuda a compartir el duelo de los familiares de las víctimas y a conocer con mayor precisión lo que sucedió.

Me remito a dos medios extranjeros, aunque con cada vez mayor presencia mexicana, para matizar las explicaciones ofrecidas por el gobierno desde el viernes en la noche: El País y The New York Times. En dos puntos especialmente sensibles, proporcionan información, a través de entrevistas y razonamientos basados en ellas, que cuestionan algunas de las tesis fundamentales del régimen.

El País coloca al centro de su cobertura del domingo el papel del Ejército. Cito: “Esa boca (del lobo) se abrió hacia las 14 horas de la tarde. Un soldado de 34 años, que no quiere revelar su nombre, asegura que a esa hora la patrulla del Ejército a la que pertenece, de tres vehículos y 25 militares, descubrió a unas pocas personas ordeñando la gasolina del ducto… El soldado asegura que al poco llegar, comunicaron la situación a Pemex. Esta versión difiere de la oficial, que sitúa la llegada del Ejército después de las 5 de la tarde. Poco después de la patrulla, comenzó a llegar la gente”.

Si la primera patrulla llegó a las dos de la tarde, avisó a Pemex y la explosión tuvo lugar a las 18:50, esto significa que el Ejército dispuso de cinco horas a partir del momento en que fue notificado Pemex del derrame o chorro. Estando la refinería de Tula a 13 kilómetros, custodiada por el Ejército, no parece una tarea titánica mandar doscientos o trescientos refuerzos al sitio en cuestión de pocos minutos. A menos de que se piense que el Ejército carece de capacidad de despliegue rápido o de entrenamiento en control de multitudes. En cuyo caso, aguas con la Guardia Nacional.

The New York Times cita a varios pobladores de la zona en una versión que también parece contradecir la del gobierno: “Los residentes que se aglomeraron en el lugar de la explosión el sábado dijeron que si bien el oportunismo condujo a algunos a abalanzarse sobre la ordeña ilegal del ducto el viernes, muchos otros fueron motivados por la escasez generada por la embestida del gobierno contra el huachicol. Los pobladores, dijeron, estaban desesperados buscando gasolina para su uso personal. “De no haber habido una tal escasez, esta tragedia no hubiera sucedido y gente inocente no hubiera muerto, dice Raúl Linares, un campesino. “La gente no tenía cómo desplazarse, cómo ir a su trabajo… Estamos de acuerdo con combatir el robo de combustible, pero no de esta manera, porque somos nosotros los que al final pagamos el precio”.

El diario neoyorquino cuestiona así la explicación tácita y explícita dada por López Obrador y su gabinete. Los pobladores estaban necesitados, dicen. Obligados a robar combustible por la pobreza, dicen. Sin oportunidades, dicen. Pero si fueron a buscar gasolina bajo un peligro extremo debido al desabasto de gasolina en Tlahuelilpan desde hace 15 días, y la necesitaban para sus vehículos de trabajo o de labor agraria, son dos explicaciones distintas.

Si fue la segunda, la explosión y la tragedia es directamente resultado del desabasto provocado por la guerra de López Obrador, no por la pobreza. Sin guerra ni escasez, habrían podido comprar gasolina en las gasolineras, o al huachicol que la vende más barata, pero se encarga de ordeñarla en condiciones de relativa seguridad. ¿Quiénes eran los portadores de bidones, garrafones, cubetas y jarras? Los sobrevivientes, ¿qué dicen? Pusieron sus vidas en peligro para revender gasolina, debido a su pobreza extrema (20 pesos el litro, 200 pesos por 10 litros), ¿o a su imperiosa necesidad de abastecerse para ir al trabajo, a la escuela, etc.? Seguramente los medios mexicanos nos informarán al respecto en las próximas horas.

21 enero, 2019

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8 months ago
TLC: ¿ya mero?

Hoy en #Amarres escribo “TLC: ¿ya mero?”; vía EL FINANCIERO👇

Jorge G. Castañeda opina que, en la negociación del TLCAN, la parte mexicana ha procurado siempre mostrar tramposamente la mejor cara para proteger el tipo de cambio.

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