Artículos, El Financiero

El ‘huachicol’ internacional

Jorge G. Castañeda

Hace un mes escribí aquí que no me convencía la tesis gubernamental según la cual la declaración de guerra contra el huachicol y el consiguiente cierre de los ductos fue una decisión estratégica. Insinué que el desabasto generado por una mezcla de razones ideológicas, ineptitud del gobierno entrante y sabotaje del saliente generaron el desabasto de gasolina, y provocó la decisión de López Obrador sobre la guerra como cortina de humo. En ese momento casi nadie suscribía dicha tesis; hoy algunos la sostienen.

Hoy leo a varios colegas que, o bien aprueban a secas la decisión del gobierno de ir contra el huachicol, o aplauden el fondo, pero no las formas, o el timing, o la improvisación, o el precio a pagar. Aceptan que hay o había un “Pemex paralelo”, que el costo fue excesivo pero la estrategia fue la correcta. Dan por sentadas las premisas del gobierno, de una manera que recuerda mucho la aceptación en 2007 de las premisas de la guerra de Calderón: la violencia había aumentado (falso); México se convirtió en un país consumidor de drogas (falso); los cárteles se habían apropiado una parte significativa del territorio nacional (incomprobable); de no hacer algo, México tendría pronto un narco-Presidente (incomprensible).

En el caso del huachicol, sin embargo, existen dos métricas relativamente sencillas que nos permitirían saber con mayor precisión si nos hallamos ante un “peligro para México” y una amenaza para la “seguridad nacional”, o simplemente un costo de negocios. La primera abarca el factor tiempo. La crisis actual, ¿es reciente o antigua? ¿Se remonta a varios sexenios, o sólo a la mitad del de Peña Nieto? La mayor parte de los datos sugieren que se trata de un fenómeno que adquirió dimensiones preocupantes apenas durante los últimos dos o tres años. No que antes no existiera, sino simplemente no significaba una pérdida excesiva o inaceptable para Pemex. ¿Esto es cierto, o no?

En caso de serlo, ¿qué sucedió a partir de 2015 o 2016, digamos, que detonó el desastre actual? ¿Fue un cambio en Pemex? ¿O un cambio en el comportamiento del crimen organizado? ¿El sindicato se lanzó al negocio, y antes se abstenía de involucrarse en él? ¿El asunto creció al mismo ritmo en todo el país, o sólo en ciertos estados? ¿El Pemex paralelo surgió de la noche a la mañana, o fue paulatino su crecimiento?

Ahora bien, si aceptamos la tesis sugerida por el propio gobierno cuando no despotrica contra todos sus predecesores sino sólo contra Peña, eso significa que hasta hace relativamente poco el huachicol no era un problema mayor para Pemex. ¿Qué significa la palabra “mayor”? ¿Es un término absoluto o relativo? Esto nos lleva a la segunda métrica, más interesante que la primera.

Pemex no es, obviamente, la única empresa petrolera en el mundo. Ni siquiera lo es con sus características peculiares: de propiedad estatal, monopólica, en un país exportador y consumidor a la vez, en un país con tradiciones de corrupción, etc. ¿Cuál es la merma promedio de robo de combustible y/o crudo en el mundo para empresas de esta naturaleza? ¿Es mayor o menor que la que padece Pemex? ¿Que Pemex hoy, o que Pemex hace tres años?

Los ejemplos son bien conocidos. En Argentina, YPF; en Brasil, Petrobras; en Venezuela, PDVSA, para empezar por América Latina. Si queremos otras empresas semejantes de países no ricos, está la National Iranian Oil Company y Pertamina en Indonesia. Como casos de empresas estatales públicas de países ricos en países pobres, tenemos a Total, Repsol o Equinor (exStaat Oil) en Nigeria, Gabón o Angola; empresas públicas en países ricos, están BNOC, en el Reino Unido, o la misma Equinor, en Noruega. Un ejemplo de una empresa pública en un país en vías de desarrollo únicamente exportador es Aramco; ejemplos de empresas privadas en países pobres o ricos son Shell, Exxon-Mobil, Chevron, o hasta cierto punto BP.

Para Pemex, es decir, para el gobierno de López Obrador, es relativamente fácil indagar cuál es la merma promedio para cada una de estas categorías, ya sea como porcentaje del volumen de combustibles y crudos producidos, procesados y transportados, ya sea como proporción de las cifras de negocios (en dólares). No todas las empresas las divulgan; no todas son comparables, pero resulta difícil creer que la única empresa petrolera en el mundo que sufre del equivalente del huachicol sea Pemex. ¿Qué tal si consiguen las cifras y nos dicen si los números mexicanos de hace un par de años y de hoy son mayores, menores o iguales a las de otros países análogos? Para por lo menos ir a la guerra con conocimiento de causa.

8 febrero, 2019

About Author

jorge


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook feed
8 months ago
TLC: ¿ya mero?

Hoy en #Amarres escribo “TLC: ¿ya mero?”; vía EL FINANCIERO👇

Jorge G. Castañeda opina que, en la negociación del TLCAN, la parte mexicana ha procurado siempre mostrar tramposamente la mejor cara para proteger el tipo de cambio.

« 1 of 10 »
Sígueme en Twitter
Suscríbete al newsletter

Recibe notificaciones de nuevas noticas vía correo electrónico.

Aviso de privacidad