México: simplismo soberanista agotado

El discurso de Mark Carney en Davos ha suscitado un buen número de comentarios y comparaciones en México. Varios comentócratas han resaltado el contraste entre el líder canadiense que acude al Foro Económico Mundial, se entrevista con decenas de colegas y hombres de negocios, y pronuncia una pieza oratoria excepcional, tanto por su forma como por su contenido. Incluyendo frases memorables como aquella de: “Si no eres parte de la mesa, eres parte del menú”. El cotejo con la discreción —por decirlo elegantemente— de Claudia Sheinbaum ha sido también subrayado. No sólo no fue a Davos, alegando que se trata del “foro de los ricos”, sino que no ha podido diseñar y formular una postura frente a Estados Unidos que vaya más allá de los lugares comunes o la franca banalidad (la famosa cabeza fría).  

Tal vez el ejercicio comparativo más interesante de estos últimos días haya sido el de Aurelio Nuño, en el nuevo diario digital La Aurora. Dice Nuño, comparando ambos países y sus mandatarios, que “Canadá y México están igual de integrados a Estados Unidos. La diferencia es decisiva: ellos tienen gobierno limitado y Estado fuerte; nosotros, gobierno arbitrario y Estado debilitado”.  

Se puede objetar y habría algo de verdad en ello, que en realidad no es justo poner lado al lado a México y a Canadá, salvo porque ambos compartimos una frontera con Estados Unidos. Canadá es un país realmente rico en recursos —no el lamentable cuerno de la abundancia— escasamente poblado para su territorio, relativamente homogéneo, muy rico, y con una dotación de activos que le permite con tiempo redirigir parte de su inserción económica internacional. México es todo lo contrario en cada uno de estos rubros. Lo que sí es cierto, sin embargo, es que nuestro rezago frente a Canadá, tanto en lo que se refiere a la oratoria como a la definición de una postura ante Estados Unidos, comienza ya a ser evidente y objeto de un creciente escepticismo en el mundo, pero sobre todo en México. 

Además de lo que ya se ha dicho hasta el cansancio, a saber, que la Presidenta ha cedido en absolutamente todo ante Trump, con la excepción del espantapájaros de la invasión norteamericana —ya empezamos a poderle ver las placas. Las contradicciones y la confusión ante el arresto del narco canadiense Ryan Wedding ponen de relieve esta debilidad. Simplemente no es creíble la versión mexicana de que Wedding se entregó de casualidad durante la estancia del director del FBI, Kash Patel, en México. Pero tampoco sabemos hasta qué punto los agentes del FBI que vinieron con Patel o que se encuentran en la embajada de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, participaron en el operativo. Sólo sabemos que “haiga sido como haiga sido”, fue una “operación soberana de coordinación no de subordinación”. Un lugar común tras otro. 

Sabemos también hoy, gracias a Bloomberg, que el envío de petróleo de México a Cuba del mes de enero fue suspendido. En este aspecto debo decir que coincido plenamente con el gobierno: es la decisión correcta. No tiene ningún sentido antagonizar a sectores importantes de MAGA en Estados Unidos por quedar bien con la dictadura cubana, donde además nuestra aportación sólo puede ser a estas alturas marginal.  

Pero lo que quisiera enfatizar aquí es la confusión mental de Claudia Sheinbaum y cómo la repetición incansable de lugares comunes y llanezas termina por volverse incoherente. Al preguntársele en la mañanera del martes si sí o no se suspendió el envío de petróleo, repitió la misma tontería de la soberanía y que cualquiera que sea la decisión es por definición soberana. Se enredó en un echeverrismo cantinflesco maravillosamente mexicano: “Pemex toma decisiones en la relación contractual que tiene con Cuba a partir de las decisiones que toma. Así como durante un tiempo no se envió y después sí se envió”. Sino todo lo contrario. 

Como ya se ha escrito hasta la saciedad, Trump es imprevisible. Puede lanzar un misil desde un dron para hacer volar en pedacitos al Mencho, a laboratorios en Mazatlán Culiacán, o no hacer nada por el estilo. Puede enviar un equipo de Navy Seals y de HSI a llevarse a Rocha Moya o a Adán Augusto a una cárcel en Brooklyn, o pedirle al gobierno de México que los detenga y los juzgue aquí, o nada por el estilo. Lo que es evidente es que se agotó ya el simplismo soberanista que nunca significó gran cosa. A fuerza de repetir un caudal de lugares comunes y simplificaciones puede terminar uno creyéndolas, es decir, pensando que significan algo. No significan nada.

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