Ensayos, Milenio, Otros Artículos

La ley del padre

Quizá lo único más difícil de superar que un padre omnipotente, ganador, presente y avasallador, sea lo contrario: el padre ausente, derrotado por el tiempo, aplastado por la familia y la fortuna, humillado por su propio padre, víctima de su propia tragedia y de la que le infligieron las tribulaciones de la existencia. Para un hijo adolescente, hay algo peor: ese padre, desaparecido a los 13 años, devuelto por las vicisitudes de la vida 35 años más tarde, y cuya presencia inicial fue más devastadora que su ausencia posterior o su reaparición final. Poder contar la historia, y hacerlo desde la felicidad y placidez de un entorno familiar, amistoso, profesional y político inmejorable, es una hazaña. Si además todo eso se consuma a través de un prosa pulcra y sucinta –cierta o verdadera, diría Hemingway; de oraciones breves, pediría Fuentes; impersonal, sostiene Aguilar Camín–, con un vocabulario infinito mas no procedente de los diccionarios de sinónimos, nos hallamos ante un texto excepcional. Es el caso de Adiós a los padres, título en homenaje, supongo, a Papa, y quizás al Patrimony de Philip Roth, autor querido y disecado por Aguilar Camín. Chapeau.La biografía familiar incluye espléndidos pasajes sobre la ciudad de México y supongo que también sobre Chetumal, aunque ignoro de qué manera se pueda explayar un escritor sobre semejante pueblo arrabalero, así como detalles directos y subliminales de la vida política mexicana tanto de provincia como de la capital. Más que nada, encierra historias entrañables y páginas envidiables sobre el terrible dolor de un adulto en el umbral de la vejez, que revisa las heridas y los obsequios de su madre, su tía, sus hermanos y, de refilón, de Ángeles, su pareja. Los abuelos de Héctor no alcanzan la incidencia procreativa y analítica de los de Sartre en Les Mots, pero algo hay de eso: el hueco del padre invisible lo llena siempre alguien, en el caso de Aguilar la relación de Godot, su padre, con Don Lupe, el suyo, que lo despoja de mucho y es perdonado por poco, sin que nunca se sepa de qué o por qué.Aguilar Camín comprende que la vida es más complicada: el abandono a los 13 años puede causar menor daño que los signos del fracaso y la impotencia a los cinco. Como lector, conversador y estudioso magistral que es de los seres humanos, no puede ignorar que nadie es transparente para sí mismo. Gracias a su notable inteligencia, entiende que la verbalización de la historia personal es un acto analítico por excelencia, y que por tanto necesita de una escucha que lo procese y se lo devuelva. Nadie podrá hacerlo de la manera tan descarnada y concisa como lo hace Aguilar, pero eso no significa que no deba hacerse. Allí hay otro libro, por lo menos.No se si Héctor salde cuentas con sus demonios a través de este texto, ni que hubiera pensado su madre –para quien escribía siempre– de haberlo leído. La ley del padre sí se trasladó a la tía; el rencuentro con el padre pareció una reconciliación; la angustia por la debilidad extrema de la paternidad de Godot se zanjó con la fuerza de una paternidad propia y admirada por todos, incluyendo a su hijo y sus dos hijas. ¿Con eso se conjuran los fantasmas? Quién sabe, pero qué suerte disponer del talento, la audacia y el valor de intentarlo así, para el deleite de sus lectores y el cariño de sus amigos.

1 diciembre, 2014

About Author

jorge


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Facebook feed
1 day ago
El peor momento de Trump

Hoy en #Amarres escribo sobre el peor momento de Trump por lo ocurrido en #Charlottesville; vía EL FINANCIERO:

Es una mera casualidad que el inicio de las negociaciones con EU sobre el TLCAN coincida con el peor momento del joven gobierno de Donald Trump, que ya ha conocido su buena dosis de crisis. Veremos ... See more

LIKE
LOVE
HAHA
WOW
SAD
ANGRY
« 1 of 10 »
Sígueme en Twitter
Suscríbete al newsletter

Recibe notificaciones de nuevas noticas vía correo electrónico.

Aviso de privacidad